18.ª Feria Internacional
del Libro de Venezuela

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Vietnam en moto (o el re-conocimiento del otro)

La mirada Moderna/Colonial funda lo que hoy conocemos como “Oriente”, al mismo tiempo que reafirma la idea de Occidente como un “no-lugar”, capaz de juzgar y clasificar al resto del mundo. Todo ello forma parte de la “hybris del punto cero”, esa arrogancia eurocéntrica que bien describe Santiago Castro-Gómez.

Los intentos por “des-colonizar” el pensamiento, como sabemos, son de reciente data y la Filven en todas sus ediciones ha sido espacio por excelencia para profundizar en torno a esos debates. Lo cierto es que el sentido común venezolano aún lleva inscrita las huellas coloniales. Para muchas personas, la superioridad de Occidente -del cual se creen representantes- les habilita a menospreciar aquello que no conoce y le resulta diferente. La presencia de Vietnam como país invitado de la Filven 2021, abre la oportunidad para pensar-nos.

Hasta los primeros años de la Revolución Bolivariana, cuando las aceras de la capital se encontraban ocupadas por miles de trabajadores independientes sin opciones de trabajo formal, los espacios de la Plaza Caracas y la Plaza Diego Ibarra eran conocidos como “Saigón”, en referencia a la supuestamente “caótica”, “sucia” y “desordenada” ciudad vietnamita bautizada también con el nombre de Ho Chi Minh.

Si las políticas sociales de la Revolución no se hubiesen ocupado de recuperar los espacios y ofrecer nuevas oportunidades a sus ocupantes, seguramente aquel sobrenombre seguiría vigente. Lo extraño, como resulta obvio, es que la mayoría de los habitantes de Caracas nunca ha visitado Vietnam, de manera que este prejuicio cultural probablemente se encuentra asociado al discurso e imaginario mediático.

Cuando los “occidentales” visitamos Vietnam vamos buscando aquello que los medios han difundido, de manera que intentamos reafirmar nuestras creencias. Una de las experiencias que usualmente sirve para ello es la cantidad de motos que circulan en las calles de Vietnam. Una mirada apresurada desde el ojo colonial encuentra en ello una evidencia de “desorden” que confirma su pre-juicio.

Sin embargo, quien se atreva a manejar una moto en Vietnam se dará cuenta de que en el aparente caos existe una forma de relación impensable para la lógica Moderna/Colonial. Frente al egocéntrico “sálvese quien pueda”, que obliga a cada quien a cuidar exclusivamente de sí mismo sin importar el otro, las motos que circulan en Vietnam parecen constituir un sólo cuerpo, cuyas partes se mueven armónicamente siguiendo el movimiento de los otros.

El mejor símil para ello se encuentra en la lógica del cardumen de peces, cuyo sincronizados movimientos parecen ser planificados por algún orden superior: ningún pez choca con el otro y anticipan todos el movimiento de cada integrante, de modo que parece una danza perpetua. En las calles de Vietnam, como resulta obvio, cada moto tiene un destino diferente, sin embargo, a pesar de la alta densidad (una detrás de otra y una al lado de la otra) los choques son casi inexistentes.

Mientras en “Occidente” cada vehículo debe cuidar de sí mismo, en Vietnam cada moto cuida de la otra, provocando un movimiento anticipatorio que permite entrar y salir del “cardumen” sin afectar el movimiento general. En términos prácticos, para cambiar de dirección en Vietnam resulta innecesario frenar o voltear a los lados -como imperiosamente ocurre en Occidente-, pues sólo basta con iniciar el movimiento para que el “cardumen” habilite el espacio. Este hecho tan “curioso” resulta impensable para el occidental, quien requiere frenar y ver antes de cambiar de dirección, pues sabe que el otro no cederá su espacio.

La lógica del cardumen abreva, por supuesto, de la cultura histórica del Vietnam profundo, dónde el otro no sólo es respetado sino considerado como parte de sí mismo. El viajante -turista- eurocéntrico provoca un choque en las calles de Vietnam y responsabiliza al “caos” y el “desorden” del inferior pensamiento “oriental”. Ello nos demuestra que encontrarse con el otro no es suficiente, es necesario re-conocerlo, esto es, mantenerse abierto, con la escucha activa para volver a conocerlo en cada encuentro.

OL

Mario Sanoja Obediente

Caracas, 1934 – 2022

Doctor en Antropología por la Universidad Central de Venezuela, licenciado en Etnología por la Universidad de La Sorbona, París. Colaborador científico del Smithsonian Institution en 1967. Investigador y docente. Fue profesor de posgrado en varias universidades venezolanas. Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela. Miembro del Comité Redactor de la Historia Científica y Cultural de la Humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).Fue profesor invitado de la Escuela Nacional de Antropología de México, de la Universidad Nacional de Costa Rica, de la Universidad del Norte, Barranquilla, Colombia; de la Universidad de Copenhagen, Dinamarca, de la Universidad Autónoma de Barcelona. Conferencista Invitado en varias oportunidades por el gobierno de Rusia en diversas instituciones académicas y culturales de ese país. Mario Sanoja es considerado un teórico del Socialismo Bolivariano, proyecto que concibió unido irrestrictamente a la práctica revolucionaria.  Fue precursor de la arqueología marxista en Venezuela, y de la arqueología social Latinoamericana. Recibió la Orden José María Vargas, al Mérito Académico en primera y segunda clase; la Orden Nacional del Mérito al Trabajo en su primera clase.  Recibió en 2004 y 2006 el Premio Nacional de Cultura, Mención Humanidades. En 2018  le fue otorgado el Premio Nacional de Historia y en 2019 fue designado Cronista de la Ciudad de Caracas. Alcaldía de Caracas-Cámara Municipal del Municipio Libertador. Autor de más de 70 libros entre los que destacan: Historia Sociocultural de la Economía Venezolana, 2011, Del Capitalismo al Socialismo del Siglo XXI- Perspectiva desde la Antropología Crítica, 2012, El Alba de la Sociedad Venezolana, 2013. En coautoría con Iraida Vargas Arenas escribió los libros: Hacia una teoría de la sociedad comunal, 2019, La fragua del bravo pueblo, 2018, La larga marcha hacia la sociedad comunal, 2015, entre otros títulos reeditados recientemente.

Iraida Vargas Arenas

 (Maracay, estado Aragua, 1942)

Antropóloga por la Universidad Central de Venezuela, Magíster en Historia Contemporánea de Venezuela, Doctora en Historia  y Geografía Cum Laude por la Universidad Complutense de Madrid. Se ha desempeñado como docente en universidades de España, México, Costa Rica y Colombia. Es investigadora emérita por parte del Ministerio del Poder Popular para la Ciencia, la Tecnología y la Innovación en nuestro país y colaboradora científica del Smithsonian Institution de Whashington DC. Desde 1967 ejerció la docencia y la investigación en el Instituto de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UCV. Se ha desempeñado como investigadora en el área de Arqueología del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela. Académica y conferencista dedicada al estudio de las gestas emancipadoras en Latinoamérica y el Caribe con enfoque de género. Impulsora de las teorías feministas en contextos socio políticos progresistas. Su intenso trabajo intelectual ha significado un gran aporte a la historia revisitada de Venezuela.

Ha publicado libros y artículos científicos en revistas especializadas tanto nacionales como internacionales. Autora y coautora de numerosos libros, su trabajo investigativo ha sido reconocido con el Premio Municipal de Literatura, mención ensayo Manuel Díaz Rodríguez, 1974; la Orden al Mérito Académico Dr. José María Vargas de la UCV, 1ra. Clase, 1993; y el Premio Nacional de Cultura, mención Humanidades, 2008. Entre sus trabajos de investigación se encuentran Arqueología, ciencia y sociedad, 1990; Historia, identidad y poder, 1993; La historia como futuro, 1999; Historia, mujer, mujeres: origen y desarrollo histórico de la exclusión social en Venezuela: el caso de los colectivos femeninos, 2006; y en coautoría con Mario Sanoja, ha publicado los libros: La larga marcha hacia la sociedad comunal, 2015, Razones para una revolución, 2007 y Del rentismo al socialismo comunal bolivariano, 2019, entre muchos otros. Así mismo, más recientemente están disponibles las reediciones de El agua y el poder. Caracas y la formación del estado colonial caraqueño 1567-1700; Resistencia y participación. La saga del pueblo venezolano; Antiguas formaciones y modos de producción venezolanos; Los hombres de la yuca y el maíz y una primera edición de Venezuela en su camino hacia el socialismo bolivariano.

Carmen Clemente Travieso

(Caracas, 1900 – 1983)

Escritora, periodista, ensayista, investigadora, militante y activista por los derechos de la mujer. Precursora del feminismo en Venezuela. Hija de Lino Clemente y Mercedes Eugenia Travieso, era la bisnieta del prócer de nuestra independencia, Lino de Clemente. Fue ávida lectora desde muy pequeña, iniciándose en las letras al elaborar historias propias a partir de los cuentos que su abuela Trinidad Domínguez de Travieso le narraba. Labró una amistad entrañable con el poeta, humorista, político y abogado Andrés Eloy Blanco, que permaneció hasta la muerte del escritor. Primera mujer en obtener el título de reportera en la Universidad Central de Venezuela, iniciándose en este oficio en 1944 al ingresar al diario Últimas Noticias. Escribió para los impresos Hoy, El Nacional, El Universal, Ahora, Últimas Noticias y en las revistas Élite, Páginas y Estampas. Su primer artículo publicado el 31 de marzo de 1936 por el periódico Ahora, estuvo dedicado a la exhortación de las mujeres venezolanas en la defensa de sus derechos sociales, económicos y políticos.  También fue la primera mujer postulada por un partido político para ejercer un cargo de elección popular, siendo candidata del Partido Comunista de Venezuela a la Asamblea Nacional Constituyente de 1946, donde las mujeres votaban por primera vez.

Pionera en la actividad periodística venezolana y como militante de izquierda, luchó contra la férrea dictadura de Juan Vicente Gómez, en apoyo a la Generación del 28, convirtiéndose en un símbolo femenino de combate, que irrumpe en los albores del siglo XX.

Estuvo activa en la reproducción, distribución y redacción de periódicos como El Imparcial, La Boina y el diario El Martillo, órgano difusor del Partido Comunista del que forma parte, creando en 1930 su primera célula femenina junto a Margot García Maldonado y Josefina Juliac. Funda la Asociación Cultural Femenina, que proponía reformas al Código Civil a favor de derechos equitativos entre hombres y mujeres, y crea la Casa de la Obrera, donde se impartían clases y se debatían temas de interés mediante la participación popular con foros y conferencias. Entre 1936 y 1948 publicaba en su página Cultura de la mujer, artículos en el contexto del insipiente feminismo de la época, cuya óptica particular se decantaba por una lucha propia, evitando la competitividad con el hombre.

Publicó los títulos: Mujeres venezolanas y otros reportajes (1951), Teresa Carreño (1953), Las Esquinas de Caracas (1956), Mujeres de la Independencia (1965), Anécdotas y leyendas de la Vieja Caracas (1971) y La Mujer en el Pasado y en el Presente (1976). Gana el Premio otorgado por la Asociación Venezolana de Periodistas en 1948, obtiene el Diploma de Honor y Medalla al Mérito Avepista en 1966 y recibe la Medalla de pionera conferida por el Colegio Nacional de Periodistas en 1981.