«Esclavos Unidos» y el norte como quimera

En la mitología clásica griega, Quimera era un animal monstruoso, descrito como una especie de híbrido, un ensamblaje con doble cara y partes de diferentes animales. La Quimera era un animal de aspecto engañoso: león, cabra y serpiente, con gran capacidad destructiva gracias a la posibilidad de botar fuego por su boca. En el castellano,…

En la mitología clásica griega, Quimera era un animal monstruoso, descrito como una especie de híbrido, un ensamblaje con doble cara y partes de diferentes animales. La Quimera era un animal de aspecto engañoso: león, cabra y serpiente, con gran capacidad destructiva gracias a la posibilidad de botar fuego por su boca.

En el castellano, según el diccionario de la Academia de la Lengua, quimera nombra en su segunda acepción aquello «que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo». En definitiva, una Quimera es algo que parece pero no es.

La publicación de la corresponsal de RT en Washington, Helena Villar, presentada durante la 17ª FILVEN, des-cubre desde su título, con un simple pero potente juego de palabras, la oculta y verdadera versión de los Estados Unidos. Su libro, «Esclavos Unidos, la otra cara del american dream», construye lo que, en palabras de su intérprete de ocasión, Ignacio Ramonet, constituye una «geografía del desastre. Un libro devastador» capaz de mostrar una «versión infernal» de los Estados Unidos.

En casi un siglo no parece haber cambiado nada. Ya en 1928, el compositor venezolano, Luis Fragachán, sufrió en carne propia la verdadera cara de los Estados Unidos. El autor de la canción, cuya versión más reconocida quizás sea la interpretada por Serenata Guayanesa, narra en sus versos la fallida experiencia vivida durante su breve pasantía en Nueva York, «en busca de unos centavos» que nunca consiguió.

Cual contrapunteo, verso a verso, la canción de Fragachán y el libro de Villar parecen demostrar el estancamiento de una sociedad cuyo «destino manifiesto» lo ha condenado a ver la paja en el ojo ajeno y negar la viga en el propio. El país que sanciona por los Derechos Humanos, nos aparece muy alejado de los ideales que supuestamente defiende.

La política de doble rasero, o simplemente la hipocresía de Estados Unidos (recordemos el verso «todo el que va a Nueva York se vuelve tan embustero») queda evidenciada en el libro de Villar a partir de un conjunto de «datos, citas y testimonios», que incluso sorprendieron a un experimentado investigador como Ignacio Ramonet. La ausencia de derechos laborales como vacaciones y salario por enfermedad; la constatación de que el 43% de los estadounidenses recibe un ingreso insuficiente para los gastos del mes; así como la alta tasa de suicidios en las filas militares, conforman datos que permiten hablar de un «Estado criminal», afirma el semiólogo invitado.

Empero, cual Quimera -el animal-, el libro de Villar también destaca un hecho que, como ella misma comenta, «le choca a toda persona que lo lee». Se trata de lo que Ramonet anticipaba como «vampirismo», un modelo de subsistencia que se ha instalado en los barrios pobres de Estados Unidos, y que consiste en la compra-venta de sangre humana por parte de clínicas que se aprovechan de la situación económica, con la finalidad de distribuir la sangre de los pobres en las clínicas de los ricos.

Sea como sea, «el país de la libertad», el defensor de los derechos humanos, nos muestra en el libro de Villar el rostro oculto y en-cubierto por la mediática mundial, subsidiarias de las lógicas del capital. Razón tenía Fragachán: «El norte es una Quimera ¡Qué atrocidad!»

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