La palabra como territorio: El rugido de Domingo Rogelio León, el catador de cuchillos

Una guitarra de fondo, un puñado de amigos y poemas decantados de libros y poemarios se combinaron para homenajear con amor y admiración al maestro Domingo Rogelio León, un hombre que no cree merecer premios y honores patrimoniales; sin embargo, tanta sapiencia, tanta historia en una sola persona, es admirada por los monaguenses.

Como un pájaro fuera de su jaula, así se sintió Domingo, entre letras y entre amigos, durante los tres días que duró la 21.a Filven Monagas, un evento que llegó a su fin y con él la nostalgia de los amantes de la literatura al saber que ya se terminaba esta fiesta.

El eco de los chaymas

Don Domingo paseó por todos los espacios de la feria y, con cada estancia breve en cada área del lugar, fue soltando las historias de su pueblo originario: los chaymas de Caripe y sus montañas. Oírlo y verlo contar el origen de las palabras, la forma en que han luchado por su territorio, sus leyes de vida y costumbres, es fascinante.

El impacto de ese relato se replica en la voz de una compañera que recita un poema del propio León: “Donde muere el sol, ayer y hoy duermen en la misma noche, íngrimo como el tigre en la noche cuando afila sus cuchillos. Recuerdo mis aguas, mis candelas, mis árboles que me robaron junto con mis hijos y mis tierras, es el clamor del indio, bajo la lluvia, el indio es otro árbol que canta el cielo”. Es justo un fragmento del libro “Catador de Cuchillos”.

La cátedra de los 90 años

León, patrimonio cultural viviente del estado Monagas y Premio Nacional de Cultura, mención honorífica, a sus 90 años continúa movido por la palabra inquieta. Dicta desde noviembre de 2025, cada jueves, en la oficina del Gabinete de Cultura de Monagas, el taller permanente “La Letra y el libro”, una cátedra para amantes de la literatura con el objetivo de legar sus saberes ancestrales. Él se alegra cuando ve entrar a un muchachito a sus clases.

“Memorial de los Abuelos y otras desmemorias” es el último libro que acaba de editar y bautizar el maestro, que lo convirtió en la celebridad de la feria por resultar el más vendido. La gente quiere nutrirse de sus historias, ya sea que se lo tope en una conversación casual o entre sus páginas.

La rebelión de la palabra

Todavía se muestra rebelde cuando toma el micrófono para decir que los venezolanos están prostituyendo su lenguaje. “Al decir ‘pásame el flyer’, en lugar de la foto, y ‘mail’, en lugar de correo, nosotros mismos nos estamos recolonizando, porque somos los que nos estamos entregando voluntariamente, porque creemos que esas palabras son más bonitas que las nuestras”.

Don Domingo alza la voz y recalca a la audiencia: “No entendemos esto que le hacemos a nuestro lenguaje. Era de nosotros y tendría que seguir siendo de nosotros, hasta siempre, por siempre”.

Y lanza más argumentos contra la idea de la colonización del lenguaje. “No estábamos llamando a nadie a que viniera a socorrernos. No nos hacía falta nada. No, no, todo lo que necesitábamos lo teníamos, y cada día seguimos dándonos más, auto-regalándonos más”, expresa, convenciendo de no dejarse seducir por los vocablos foráneos.

Maestro de humanidad

Una constante en sus conversaciones es que aprendió a comer y beber de los pájaros; la naturaleza fue y será su maestra. Por eso insiste tanto en darle valor a las raíces ancestrales y defender la lengua, costumbres, manera de pensar, trabajar y llevar el curso de la vida de aquí: “¿Por qué? Porque nosotros no tenemos dueño, nosotros no nos vendemos, somos humanos. Nosotros no somos bestias, nosotros somos maestros”.

La 21.a Filven 2026 cerró sus puertas, pero las lecciones de Don Domingo apenas comienzan a germinar. En un mundo que corre tras lo ajeno, su figura de 90 años se erige como un faro necesario para recordarnos que, antes de ser cualquier otra cosa, somos hijos de nuestra propia historia.